Democracia en sentido contrario

 

Siguiendo al pie de la letra a Robert Greene en su Ley No. 17 de “Las 48 leyes del poder”, Ortega mantuvo el suspenso hasta los últimos instantes como si se tratase de una comedia-terror. A veces imaginamos que sucederán cosas, es nuestra corazonada profética ante el peligro, sin embargo siempre quedan reservas de una falsa esperanza que espera que no suceda lo pronosticado. Nada ha sido sorpresa.

Hemos sido testigos de la instauración oficial de un régimen dinástico. La Familia Ortega-Murillo tiene hambre insaciable de poder que aumenta con el tiempo, mismo ímpetu que ya hemos visto brillar en otros ojos a lo largo de la historia, de quienes han hecho de la República un imperio familiar.

Compra de Poderes, Desarticulación de organizaciones políticas antagónicas, Reducción de espacios de libre pensamiento y ahora, la no menos peligrosa, Sucesión dinástica… ¿No fue eso contra lo que se luchó hace más de treinta años?

Nicaragua ha sobrevivido a dictaduras, guerras, catástrofes naturales, pensar que el pueblo no sabe a qué se enfrenta es subestimarlo. Porque sí lo sabe, y no ignora las similitudes de la actualidad con otras épocas. Vivirlo y repetirlo. Pero la estrechez no parece ser lo suficiente insoportable, como si se guardara el último aliento para el estallido.

¿Pero cuántos otros 19 de Julio serán necesarios de alabanzas, danzas y vítores a un mesías que huye a la inmolación para ver sus proezas? “Los escogidos por Dios”, responde al unísono su séquito. Porque la deidad desde un Mercedes escoge con el dedo y recompensa a sus leales.

Ser sólo actores presenciales del deterioro será el reclamo de la historia de nuestros hijos. La credulidad en el discurso populista que hoy prima no nos exonerará de la responsabilidad, tampoco la falta de compromiso que hoy nos permite evadir la responsabilidad de todo, esa misma que nos hace ser igual a ellos.

Yo me pregunto: ¿A cambio de qué? ¿Valdrá la pena renunciar a la democracia y a las libertades a cambio de aparente bienestar económico?

Hoy tenemos tiempo de reír. Reírnos de nuestra política nacional. Reírnos de cada uno de los escogidos. Reírnos con ellos de nosotros mismos. Que se rían de nosotros. Pero la risa no dura tanto. Podemos no jugar su juego. Podemos no elegir entre lo que no se elige. Podemos ser consecuentes.

No hace falta ser vidente para pronosticar más hambre, de la que no se cura, de la que se incrementa más mientras más se sacia; hambre de poder. Y la democracia está en sentido contrario.

Jorge Campos


Foto: Abecor

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