Una institución de errores

Policía Nacional de Nicaragua: una institución de errores.

¿Cuántos errores son suficientes para que se vuelva una costumbre? La imagen de la Policía Nacional está tendida en el piso y nadie hace nada por levantarla.

Justificar la falta de responsabilidad amparados bajo la excusa de la naturaleza humana plagada de errores no resucita a los muertos ni borra las magulladuras de los rostros. ¿Cuántos golpes al narcotráfico de unos cuantos escogidos, de unos cuantos criminales bastan para tapar el duro golpe de la violencia perpetrada en la madrugada? En este país parece que sólo el silencio es nuestro.

En los últimos tiempos hemos sido testigos silenciosos, con más  frecuencia de lo que realmente creemos, de los “errores” cometidos por quienes juraron servicio digno y eficiente del resguardo a la seguridad ciudadana. Abuso de poder, irresponsabilidad, corrupción, servilismo, brutalidad… ¿De qué servicio comprometido hablamos si lo que se busca es “fortalecer” una institución como músculo de fuerza, en cantidad, olvidando el entrenamiento y principios éticos fundamentales para ejercer sus funciones? A este punto la responsabilidad, la conciencia, el compromiso, el servicio, el humanismo son referencias de ficción en papeles que nadie lee.

Y cuando mucho, una disculpa parca llega sin ninguna dolencia. Ya no nos es extraño que los presos resulten con evidentes golpes en el cuerpo cuando los vemos en televisión después de ser capturados, dejando en evidencia el método de tortura empleado en el encierro bajo el resguardo de la autoridad; no es extraño que los operativos se salgan de control en las madrugadas, y como resultado de la confusión una niña termine muerta en medio de una balacera en Matagalpa o una familia entera termine acribillada al regresar de la iglesia en Las Jagüitas, o que incluso los mismos agentes policiales terminen muertos en las calles de San Luis a medio día, a la vista de todos. No son extraños los videos de abuso de poder, las confiscaciones infundamentadas, y las muestras de falta de respeto de la Autoridad que circulan en nuestras redes sociales; las agresiones verbales y físicas han vuelto a ser el método por excelencia. No es extraño que cada vez que nos detiene un agente de tránsito lo primero en que pensamos es en revisar nuestras billeteras para saber con cuánto contamos para ofrecer.

A eso se reducen las funciones de la máxima institución de seguridad pública; al método de tortura, a la corrupción y a la obediencia ciega al Gobierno de turno. El más grande logro de la actual Policía Nacional de Nicaragua ha sido institucionalizar la violencia con nombre de “error”. Y si la institución que en definición garantiza la seguridad y el orden apela siempre a la violencia sin el menor reparo, ¿qué orden se podría esperar en esta cada vez menos humana sociedad? Sin sensibilidad, sin respeto a la dignidad humana no existe orden.

¿Cuántos errores humanos son suficientes para ahorrarnos las disculpas, porque la costumbre nos liberó de responsabilidad? Mientras tanto queda el silencio de nuestras autoridades que ocultan el rostro para evitar explicaciones, y el nuestro que avala el error, dejándolo pasar como si la vida de los menos favorecidos no tuviera valor real, como si la injusticia en contra de los que pueden menos no tuviera impacto.

No te sintás ajeno, cuando el error es contra la dignidad humana tiene mayor alcance; mañana podrías ser vos quien espere una disculpa que nunca llega.


Foto: David Vexelman

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