Alborada de la nueva República

Nicaragüenses:

Los partidos políticos tradicionales han caducado y estamos presenciando la caída de la última fuerza en pie. Todos tuvieron su momento histórico, sin embargo, el hambre de poder e intransigencia de sus líderes arruinaron cualquier posibilidad de extender su permanencia, condenándose a sí mismos a su extinción.

Este anochecer exige pensar en la edificación de una nueva estructura política a la luz del progreso ético, sin ex-guerrilleros, sin pactistas ni caudillos, es decir, al margen de todos los que estuvieron implicados en procesos anteriores y han corroído las bases de esta sociedad históricamente fraccionada. Es momento de romper cadenas y anular las transferencias generacionales que nos han cargado de culpas que no nos corresponden.

Por décadas los poderosos, aprovechando el descontento generalizado, han discriminado y menospreciado a los jóvenes, aduciendo “inexperiencia” e “inmadurez política” de la que anteriores generaciones se jactan. Y como resultado, la perpetuación de dioses arrogantes exigiendo adoración aferrados a sus cetros, infundiendo terror en quienes piensan diferente.

Es momento de que esa generación excluida asuma las riendas de esta nueva oportunidad histórica y tomar lo que por muchos años se ha negado: el traspaso de liderazgo. Escuchar los consejos de falsa buena voluntad de personajes alienados, inflamados de odio, resentimiento y egoísmo, de esos que aprendieron a administrar sus emociones por medio de balas, es dejarse arrastrar nuevamente hacia esa corriente que desemboca en el mismo lago de muerte.

Esta República en escombros urge de una nueva forma de hacer política y romper así la maldición del caudillismo y corrupción que hemos alimentado desde tiempos coloniales en el imaginario colectivo.

Es momento de reflexionar y proponer ideas cuyo eje fundamental sea la transición al pluralismo en virtud del bien común, por la paz y respeto a la dignidad humana; la diversidad de pensamiento enriquecedor del espíritu humano que por tanto tiempo nos ha sido impedida.

Nadie tiene la experiencia ni la madurez política en su máximo grado, pero errando se aprende y gracias al ejemplo de nuestras anteriores generaciones podemos discernir los caminos escabrosos de los de luz que nos conducen hacia una verdadera democracia participativa, enarbolando una sola bandera de paz y justicia.

En esta alborada, la patria exige una profunda transformación, sin miedo a abandonar la nefasta idea de un único mesías, sin miedo a quemar banderas tradicionales que no representan a un solo pueblo, sino abrazando la aspiración del crecimiento en común.

El reto es hoy, y por eso justa e imperiosa es nuestra participación activa, organización, compromiso y lealtad por la nueva República de Nicaragua, sin ánimos de adoctrinarnos unos a otros, sino de despertar todos juntos nuestra conciencia. Esa es la más grande victoria, un pueblo abrazando el despertar de su conciencia a la luz de la justicia.

Jorge Campos
Mayo 2018

 


Foto: Neil Krug

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